Por:
Redacción
1 de Mar, 2026
9:59 am
El Old Firm volvió a escribir otro capítulo cargado de intensidad en Ibrox. El Celtic, con participación del mexicano Julián Araujo, rescató un empate 2-2 frente al Rangers FC en un duelo que tuvo de todo: golazos, polémica del VAR y un cierre al borde del descontrol. Para el lateral tricolor, fue una prueba de carácter en uno de los escenarios más exigentes de Escocia.
El arranque fue adverso para el equipo de Araujo. Rangers impuso condiciones desde el primer minuto y encontró recompensa muy temprano. Youssef Chermiti sorprendió con una espectacular chilena al 8’, encendiendo a la afición local y marcando el ritmo de un primer tiempo dominado por los de casa.
Antes de la media hora, el propio Chermiti amplió la ventaja tras aprovechar desajustes defensivos del Celtic. El 2-0 reflejaba lo que sucedía en el campo: un Rangers intenso, vertical y efectivo frente a un rival que no lograba asentarse ni frenar los embates por las bandas.
El complemento mostró otra cara del Celtic. Con mayor determinación, adelantó líneas y comenzó a inclinar el juego hacia territorio rival. La recompensa llegó al 56’, cuando Kieran Tierney apareció en el área para descontar y devolver la esperanza a los visitantes.
En ese contexto de urgencia ingresó Julián Araujo, asumiendo el reto de competir en un clásico que se jugaba al límite físico y emocional. El mexicano aportó energía en la banda, disputó cada balón dividido y se integró a la presión alta que buscaba arrinconar al Rangers en los minutos finales.
El empate tomó forma en tiempo añadido. Tras una revisión en el VAR, el árbitro señaló penalti a favor del Celtic. Reo Hatate erró en primera instancia, también en el rebote, pero insistió hasta mandar el balón al fondo al 91’. El 2-2 silenció Ibrox y cambió por completo la narrativa del encuentro.
Con el pitido final, la tensión acumulada explotó. Hubo empujones, reclamos y cruces verbales entre jugadores de ambos bandos. Julián Araujo quedó en medio del intercambio, reflejo de la intensidad con la que se vivió el clásico.
La intervención desde los banquillos fue necesaria para evitar que la situación escalara. Así terminó un Old Firm vibrante, fiel a su historia y con protagonismo mexicano. Para Araujo, más que un empate, fue una noche de aprendizaje y carácter en uno de los duelos más pasionales del futbol europeo.
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